Como siempre, intento resistir la tentación. Resistir, resistir, resistir. Pero el tiempo ha pasado, y ya da lo mismo. Cuando todos los tabloides salieron a hablar de la relación entre Lindsay Lohan y Samantha Roson, pensé en esperar. Si Enrique Iglesias decía que había perdido mujeres tras el rumor de tener un pene pequeño, imaginaos el caos cuando se habló de Lindsay gay (o bi, o lo que sea).
Primero fueron las fotos en aquella fiesta, donde Lindsay y Samantha aparecían abrazadas de manera muy tierna. Luego, el bombardeo de más y más fotos, y de más y más rumores. Que estaban enamoradas, que no era algo nuevo, que ambas habían presentado a sus respectivas familias (de hecho, las familias se conocen desde hace un tiempo). También se mencionó que, en un vuelo, LiLo había hecho mover medio avión para que Samantha pudiera sentarse a su lado. Lógicamente, de esta forma aquella escena que LiLo armara cuando una de las gemelas Olsen tuvo la mala idea de saludar a Ronson. Luego vinieron los rumores de casmiento. Es lo que se dice “demasiado, demasiado pronto”.
La familia Lohan, a estas alturas ya es de público conocimiento, es un caos y un ejemplo más de una familia prostituida por la fama y la codicia. Dina es la protagonista de su propio y lamentable reality (que compite con otro show de igual calaña, el de Denise Richards), mientras que OK! le paga a papá Michael para que escriba su propio blog, donde hace su mejor imitación de ex-convicto rehabilitado y preocupado por su hija (hace un tiempo la persiguió, hasta que quiso entrar en una fiesta y terminó echado por los diplomáticos señores a cargo de la seguridad del evento), donde, obviamente, habla mal de la madre. En medio de todo esto, los rumores y las rehabilitaciones, LiLo ha perdido mucho, y no solamente dinero. Si bien ella y Ronson llevan anillos, como si estuvieran comprometidas, lo cierto es que falta (lo que puede ocurrir en cualquier momento) la declaración oficial. En esa línea de pensamiento, los tabloides han comenzado la guerra de ofertas para tener la exclusiva (si pueden pagar los 15 millones de dólares por la foto de los mellizos Pitt-Jolie, pueden pagar 1 millón para que Linds admita su homosexualidad). Si, ha perdido más que dinero…
Hablando de perder el respeto, no creo equivocarme si digo que la población masculina del planeta no tendría ningún problema en perderle el respeto a Megan Fox si ella lo necesitara. Increíble como la felina protagonista de “Transformers” saltó del anonimato a la fama total, pero con ese rostro y esas curvas, no es difícil de adivinar. Además, la chica tiene la costumbre de hacer declaraciones breves, pero picantes, que dejan un hilo de baba corriendo por los mentones de los hombres.
La bella Megan (con un apellido tan adecuado como “Fox”), declaró a la revista británica FHM que tiene la libido de un adolescente, al punto de gustarle tanto el sexo que lo prefiere a salir de la casa. Ella está comprometida con el ex-protagonista de “Beverly Hills 90210″, Brian Austin Green, a quien se ve en buen estado físico, el que seguramente necesita para estar a la par de las necesidades de Meg. Si no, puede estar seguro que hay una jauría de lobos hambrientos esperando que el caiga.
Finalmente, para aportar la dosis periódica de detalles de la relación que todos esperan algún día fracase, Jennifer Aniston sigue en pareja, contra todo pronóstico, con el músico John Mayer. No sólo los rumores tienden a repetir lo bien que están, lo juntos y cariñosos que se los ve, sino que, pese a los augurios y las apuestas alrededor del globo (tenemos derecho a exagerar), siguen los pasos de solidificar la relación.
Besos por aquí, besos por allá. Apariciones en público. Ahora ha llegado el momento del tatuaje. Personalmente, más allá de lo cursi o lo romántico que pueda parecer, siempre he esquivado el tema del tatuaje. Por un lado, elegir el adecuado. Por otro, elegir la ubicación. Finalmente, si la relación se viene abajo, es muy costoso removerlo. Jennifer todavía tiene un corazón, herencia de su tiempo con Brad Pitt, y no me digan que ver ese corazón todos los días no es un permanente recordatorio de que Pitt está por tener mellizos con Jolie. ¿Casualidad? Todo puede ser. El asunto es que Jen aceptó la idea, y propuso un corazón…
Hagamos silencio.
Seguimos. Mayer, que tonto parece que no es, propuso seleccionar un lugar del cuerpo no demasiado expuesto, y tatuar una letra “J”. Jennifer y John. ¡Qué cursiiii! Pero, también, práctico: letra genérica, que puede servir para ambos, llegado el caso de que no se toleren más y cada uno siga su camino. Optimización del espacio corporal y de los posibles daños emocionales al final del trayecto. Bien por los dos.
De todas maneras, Jen quiere demorar un poco el tattoo, esperar a que pasen más tiempo, ya que, dicen, todavía le pesa un poco la diferencia de edad (ella tiene 39 y él 30). No está mal. Napoleón decía “vestidme lento, que estoy apurado”. Ustedes, estimados lectores y lectoras, ¿se harían un tatuaje conjunto con su pareja? y, si se separaran, ¿qué harían? ¿lo dejarían o lo removerían?
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