A fines del año pasado acapararon la mirada del mundo. Ella ex modelo y actual cantante, él presidente de Francia, y entre ambos un amor que aparenta poder contra todo. Por lo menos así se comprobó, primero llegaron los rumores, luego la certeza y por último el casamiento, que se llevó a cabo en la más absoluta privacidad.
Carla Bruni nació en Italia (el 23 de diciembre de 1967), pero creció en Francia y Suiza. Tiene un hijo, Aurélien -nacido en julio de 2001-, a quien tuvo con Raphael Enthoven (prestigioso profesor de ciencias políticas). Hija del poderoso industrial y compositor Alberto Bruni Tedeschi -aunque en 1996, tras su muerte, Carla se enteró de que su verdadero padre es Maurizio Remmert, un empresario italiano-, y de la actriz italiana y concertista de piano Marysa Borini), ha sido heredera de una gran fortuna. Así todo a los 19 años, sin necesidad aparente (por lo menos económica) comenzó su carrera como modelo, y llegó a convertirse en una de las de los años noventa, habiendo desfilado para las firmas de moda de alta costura más influyentes. En 1997 decidió terminar con esta carrera, y en 2001 se inició como cantautora. Ya lleva editados estos discos “Quelqu’un m’a dit” (2002) y “No promises” (2007), los cuales han sido grandes éxitos de ventas. Pero más allá de sus carreras, Carla Bruni ha sido muy famosa (y aún lo es) por su vida amorosa. Estuvo en pareja con Eric Clapton, a quien dejó por Mick Jagger (en 1992). Éste, por su parte, dejó a su mujer, Jerry Hall, apenas ella tuvo a su hija Georgia May, para irse con la modelo a Thailandia. Después estuvo con Osvaldo Muñiz, Donald Trump -magnate de los negocios-, Vincent Pérez -actor francés-, Arno Klarsfeld -abogado-, Jean-Paul Enthoven -editor literario- y con su hijo Raphaël Enthoven -filósofo-, con quien tuvo a su hijo. Hasta que en diciembre de 2007 se confirmó su relación con el presidente de Francia, quien desde hacía apenas dos meses se había divorciado de su esposa Cécilia.
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¿Por dónde empezar? Hay parejas que, no importa lo enfermizas que sean, vuelven una y otra vez sobre sí mismas. Algo los impulsa a buscarse, sea instinto autodestructivo o vaya uno a saber qué. El asunto es que se atraen, como si estuvieran conectados por alguna misteriosa fuerza que los deposita siempre en un mismo lugar, uno que terminan compartiendo.


La fantasía sufre modificaciones, pero tiene algunas esencias que se mantienen. Más flores, o menos. Más estilo festivo y colorido, o más sobrio. Vestido corto o largo, pero blanco. Informalidad o formalidad, pero cierta cualidad etérea se mantiene. Hablando de seres etéreos,
Las historias rosas, muchas veces, tienen final feliz. A veces, a diferencia de lo que ocurre en los grandes films de Hollywood (aunque también ocurre, usualmente, en modestas comedias románticas sin tanto presupuesto), no hay fanfarrias ni enormes estadios aplaudiendo un beso. En ocasiones, son apenas un par de amigos que ofician de testigos un día y otros tantos, posteriormente, que asisten a una fiesta.
Hay bodas que son silenciosas, como
A algunos, en algún momento, les llega la hora. No sé a ustedes, las bodas nunca me movieron demasiado. Cada vez que me toca asistir a una, las mujeres están como alteradas, diferentes. Hay quienes están más susceptibles, hay quienes están, directamente, buscando marido. También están aquellas que, como yo, simplemente van a pasar un buen rato y ponerse contentas por sus amigos. ¿En qué grupo entrarían ustedes? Mientras lo piensan, les comento que parece que
A veces, uno piensa: ¿cómo hacer para permanecer con la misma persona? ¿cómo se consigue? Supongamos que uno se ha puesto algo cínico con respecto al “hasta que la muerte nos separe” y está buscando alguien que le pueda aportar una visión más positiva sobre el asunto. Bueno, se puede preguntarles a
Para todos aquellos que sufren de soledad, que no consiguen que las mujeres os presten atención, sépanlo:
Por otro lado, como había sido anticipado como 

